02 junio 2006

AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERRRRVIOS.

¿Quién no ha tenido nunca un ataque de nervios?
Aquí has el más pintado, el más pasota, el más jipi ha sufrido una traición nerviosa inesperada.
Pongo la mano en el fuego por la verdadera imagen de Ghandi, poderoso melenudo, hombre de tremenda mata de pelo, frondosa cual gato acostado...y que debió perder en algún disgusto. Seguro.

Es normal que en un momento de nuestra mísera vida 'algo' nos saque de nuestras casillas, tornando nuestra apacible serenidad y dulce forma de ser en un engendro de formas grotescas, de esputos verbales, en un ser ordinario, como un Caco Senante en ayunas o un Stoichkov resacoso. En alguien intratable.
Aparece el encabronamiento, los tics, el tartamudeo. El insulto gratuíto y recurrente, que normalmente hace referencia a la vida laboral alternativa de nuestras madres. La venilla craneal hinchada, a juego con la potente yugular marcada y bombeante.
Los síntomas suelen ser los mismos en casi todas las ocasiones, con leves variaciones dependiendo de la situación. Que ahora mismito tratamos, las tres situaciones nerviosas más corrientes.

EL ATASCO.

Gran experiencia mañanera de nuestras vidas.

Si ya de por sí es una jodienda ir a trabajar, más lo es encontrarse con un tráfico poco fluído en nuestra highway to Hell.
Uno se da cuenta de que algo no va bien cuando se percata de que el conductor de al lado está leyendo el Marca o pegando burillas en el volante. Oh, mierda: atasco habemus.
Primero, la fase optimista y de semi-resignación. 'No pasa nada. Seguro que arranca rápido'.
Pasan diez minutos y vemos que era todo una entelequia, una falacia. Esto va para largo. Las partes bajas se hinchan y los nervios hacen su primera aparición estelar: bocinazo al coche de delante, como si tuviera culpa alguna de no ser KIT y echar a volar por encima del resto de vehículos. '¡Pero tira, coño!'. Por un efecto sonoro muy gracioso denominado BORREGUISMO CLAXONIL, alguien, desde otro punto de la cola, contesta con otro pitido. Y así hasta parecer Los Sabandeños versión 4 ruedas.
Curiosamente, la cadena sonora que nosotros mismos hemos iniciado nos saca de quicio, poniéndonos más nerviosos y más irascibles. De repente, un conductor con talante de guardia urbano, sale de su coche y empieza a dirigir el cotarro. ¡Pero qué atrevido! El resto de asistentes a la concentración le increpan, atentan contra su inteligencia obsequiándole con piropos como 'gilipollas', 'anormal' o 'imbécil', así como le exigen que se meta en el coche 'de una puta vez'.
Finalmente, el atasco fluye y todo el mundo se despide con un amistoso dedito universal, un 'hasta luego', pues saben que probablemente vuelvan a encontrarse en un futuro no muy lejano.
Y aún queda lo mejor: justificarle al jefe el por qué de nuestro retraso. Que no el mental.

LA ESPERA AMIGA.

O cómo el Zurich es el punto de encuentro de tanto ciudadano.
Pongamos que dos individuos, A y B, quedan a la hora X en tal lugar. Pues si todo esto es tan fácil, ¿por qué uno de los dos llega tarde? ¡Ni que tuviéramos que organizar a 2 millones de personas bailando sardanas, en plan Justo Molinero!
Es como un pálpito. 'Seguro que llego demasiado puntual'. ¡Pero qué me estás contando! ¡NEIN! El culpable es el que llega tarde. Asumámoslo.
Todo empieza por un acto reflejo: el individuo 'esperante' mira la hora en su movil. Acto que repetirá 34341324 veces en 10 minutos. Porque al final ya no se mira la hora, se mira el salvapantallas.
El siguiente paso, la pierna que se duerme. Pues te apoyas en la otra. Hasta que se te duermen las dos. Y te apoyas en una pared/farola. El rostro torna grisáceo y sin expresión, hasta empezar a enrojecerse y fruncir el ceño.
La gente, al ver al indiviuo A tanto rato en el mismo sitio, lo toma por un punto de información. Un callejero. Un calendario. Hasta es posible que le pidan un cigarro.
Agobiado, y en otro acto reflejo con el movil, el individuo A llama al B. Albricias: comunica. ¡ESE DESGRACIADO AÚN ESTÁ EN EL METRO! ¡HECATOMBE!

Pues no. Recordad que siempre es PEOR cuando te descuelgan la llamada para decirte que, debido a un contratiempo, aún están en casa y que salen ahora mismo para allá.


LOS EXÁMENES.

Aquí los nervios son un poco diferentes a los ya comentados.

En este caso, éstos desembocan en MIEDO, que no en cabreo. ¿Quién es el culpable, sino nosotros mismos, de nuestra ignorancia y cenutrismo? Echarnos la culpa sería muy tonto, que ya tenemos bastante con la chingada que nos espera.
Por lo tanto, nuestra mejor opción es la siguiente: insomnio y cagalera. Gran combo.
Qué hermoso es aquello de llegar a un examen con ojeras y la tripita suelta.
Lo único bueno del tema es que te dan tantos folios como quieras. Cómo los utilices tú, ya es otra cosa.
Los minutos antes del examen. Antes de voltear la hoja y firmar nuestra sentencia de muerte. Las taquicardias, sudores fríos, mareos y náuseas. Lo divertido es que, durante la hora y pico que dura la tortura, todos esos síntomas desaparecen y entramos en trance. Hasta creemos que contestamos bien a las preguntas. ¡WOW!
Pero...ah. Qué poco dura eso. Salimos de las sala y todo ese malestar vuelve, justo cuando intentamos comparar nuestras respuestas con las de otro compañero. Es entonces cuando aparecen los fantasmas, pasado, presente y futuro, y cual Tres Tenores gritan al unísono: 'LA HAS CAGADO'.
Efectivamente. Y la 'estarás cagando' hasta que te den los resultados del control.
Como punto positivo, este estado nervioso nos ayudará a quedarnos más esbeltos y espigados. Irascibles y posiblemente cateados, oiga, pero guapos. Y ya es algo.


Nada más. Relájense y disfruten de la vida, zagales, que esto son 4 días y la mitad se los lleva Hacienda.
Yo ahora mismo les escribo desde el curro, a riesgo de que me caiga un capón. ¡Y bien tranquila que lo hago!

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2 Cosas al respecto:

At 02 junio, 2006 18:23, Blogger vomiton dijo...

Ostras, lo de quedar....quedan contigo y llegan tarde, pero quedan con un ligue futurible y están dos días antes.GRRRRRR!!!

 
At 16 junio, 2006 00:24, Blogger Ms.Griss dijo...

Oh, lo he leído ahora y qué gran verdad.

Ahora, en plenos exámenes, con una semana por delante, da un palo... y el último día todo es caos y "debería haber empezado antes"

 

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