04 noviembre 2005

Un Día Cualquiera -- Capítulo 3

Estaba en la calle, que seguía de ese color gris tan característico de la antesala a las tormentas. Chispeaba gotas finas, gotas que se amontonaban en mis gafas dificultándome la visión mientras corría calle arriba en dirección a la carretera de la playa. La calle seguía desierta, y eso no hizo más que aumentar mi desasosiego.

Llegué a la carretera, y me encontré con un panorama de película apocalíptica. Los pocos coches que había estaban parados, sin tener las puertas abiertas ni muestras de haber chocado, solamente estaban ahí, parados, como aparcados en medio de la carretera. Me acerqué con precaución al coche más cercano y miré dentro. Nada. No había nada ni nadie. Mirando hacia los lados, intenté entrar en el coche y comprobé que estaba abierto. Abierto y con las llaves puestas en el contacto. Examiné el coche, intentando buscar no sabía que, y cuando me di por vencido me senté en el asiento del conductor e intenté arrancarlo. Nada. Giraba la llave y no hacia contacto; de hecho ni siquiera sonaba ese sonido característico del motor de contacto.

Después de un rato pensando en nada sentado en aquel coche inútil, salí y me dirigí, está vez lentamente, como hechizado por lo que estaba viendo y viviendo, hacía mi objetivo, la casa de mi novia. Así, seguí caminando entre los pocos coches y vi un autobús, vacío como el resto, y calles sin gente...

¡CRASHOOOM! El sonido de un trueno me hizo despertar, asustado, de la nube en la que estaba. Empezó a llover con más fuerza, y aceleré el paso. Cuando por fin llegué al edificio. Llamé al interfono, consciente de que no iba a recibir ninguna respuesta. Al otro lado no contestaba nadie. Llamé un par de veces más antes de darme por vencido. Volví a mirar mi móvil y entonces me di cuenta...una semana. Había pasado una semana durmiendo...

(continuará)

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