26 diciembre 2005

Un Día Cualquiera -- Capítulo 6

Un maniquí se abalanzó encima de mí. Me zafé con un giro brusco de mi cuerpo y mi agresor cayó pesadamente al suelo. Di un paso atrás mientras observaba lo que me había atacado. Parecía una mujer, por las ropas una vigilante de seguridad. Empecé a hablar, a decirle que se tranquilizase y que sentía haber entrado. Sin embargo, algo en mi cabeza me decía que no bajase la guardia. La mujer se intentaba incorporar con movimientos lentos y rígidos, sin decir palabra alguna. Esa lentitud al moverse permitió que la observase con más atención. El pelo estaba sucio y enmarañado, y no permitía ver sus facciones. Sus manos... dios... sus manos eran azuladas. Me quedé observando esas manos mientras se levantaba. Y entonces vi su rostro.

Aquel rostro, en otro tiempo se adivinaba bello, ahora tenía la mandíbula desencajada en una horrible mueca. Su piel era del mismo tono blanco azulado de las manos y sus ojos me miraban sin brillo de inteligencia o vida. Salí de mi estupefacción cuando el ser levantó sus rígidos brazos y comenzó a avanzar. Busqué algo para defenderme y sólo encontré un extintor, que arranqué de la pared y usé, a modo de maza, golpeando la cabeza de la mujer cuando estaba a punto de alcanzarme. El ser cayó nuevamente al suelo, pero más por la fuerza que por el daño, ya que nada más caer empezó a levantarse. Agarré mi improvisada arma con más fuerza y, con un movimiento de arriba abajo en el que aproveché el peso de mi cuerpo, le golpeé con la base del extintor en la cara, escuchando un crujido muy fuerte cuando los huesos de su cara se quebraron. Ella siguió moviéndose torpemente, así que seguí aplicando toda la fuerza que podía desarrollar en la cabeza medio rota, hasta que no pude hacer más y empecé a golpearla en la cara frenéticamente, escuchando el golpeteo del extintor y los huesos rompiéndose en una especie de niebla roja que nublaba mi mente y me hacía ver todo muy lejano.

Cuando mi cabeza se despejó dejé caer el extintor y me dejé caer al suelo. Estaba sentado, mirando los pedazos de la cabeza de aquel ser...aquel zombi. ¿Estaba en medio de una película? Esto no podía estar pasando. Acababa de matar a un ser salido de una película de Romero. ¿Qué había pasado mientras estaba dormido? ¿Seguía dormido? Tras unos momentos de incertidumbre, mi mente se aclaró. Los zombis no existen, no hay muertos vivientes. Probablemente algún tipo de agente químico o biológico que había alterado a aquella mujer y por alguna razón yo era inmune. Quizás ese agente me había afectado haciéndome entrar en coma. Eso era lo lógico. Y posiblemente a otras personas no les afectó de ninguna forma o menos que a mí y fueron evacuados por el ejército. Fuera lo que fuera, lo que tenía claro es que estaba en una situación peligrosa...

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